LIBERTAD DE ELECCION
Portarse bien, respirar adecuadamente, no
descontrolarse, estar relajada... Frases que circulan alrededor de la idea de un
parto. Es como un examen, y cumplir con estas condiciones quiere decir que la
nota es alta. ¿Es realmente así? ¿Es eso lo importante? Por supuesto que no,
dirán, lo más importante es que la mamá y el bebé están vivos y estan
bien.
¿Esto es a todo lo que se puede aspirar en estos tiempos que vivimos?
Peridural, monitoreos, aparatos...¿Cuál es la imagen que se transmite a una
mujer que planea un hijo, o a una embarazada?
El nacimiento de un hijo
responde a una profunda necesidad vital. Y el parto es un hecho absolutamente
genital y sexual. Estos elementos debieran hacernos pensar en que no es
meramente una situación médica, de enfermedad y riesgo, sino que tiene que ver
con la vida, el placer, la alegría, la esperanza, las emociones intensas.
Da
la impresión no solamente de que hay una sola manera de parir, sino que además,
es la única adecuada e implica un sometimiento a estadísticas, vitaminas,
instrumentos.
Y no es así. Si cada una se animara a preguntarse ¿cómo quiero
tener a mi niño? ¿Donde? ¿De qué manera? Cada cual se animaría a buscar lo que
necesita.
Si se tiene tan claro cómo es la ropa o el peinado, o la sábana o
la comida que uno elige, ¿Cómo no seguir un poquito más allá y preguntarselo en
relación a un momento tan maravilloso y fundante cómo es el del momento de
conocer al bebé que ya está dentro de la panza?
|
Prepararse para ese momento es caminar por un camino diferente: Buscar
la gente que pueda acompañar conteniendo, buscar el lugar mejor para uno:
la casa propia o alguna otra donde el clima afectivo sea cálido. O el
sanatorio o el hospital, después de haber preguntado de qué manera se
plantean el nacimiento. |
| |
![]() |
Algunas mujeres descubren que la posibilidad de elección es infinitamente más
amplia de lo que se habían imaginado. Resulta que se puede tener al bebé en
casa, después de haber hecho todos los controles médicos, con un alto grado de
seguridad, con todo un equipo obstétrico, o mejor aún, con un pequeño equipo
obstétrico, dispuesto a tomarse todo el tiempo necesario para que el bebé llegue
cuando él y su mamá lo decidan. Sin que se los apure con ninguna droga.Sin que
se rompa artificalmente la preciosa bolsa de las aguas que también cumple una
función vital al proteger la cabecita del bebé, que se apoyaría si no, sobre el
cuello uterino, haciendo el proceso de verdad doloroso para él y la
madre.
Que pueden sumergirse en el agua caliente, lo cual es verdadera y
naturalmente analgésico (y no anestésico) y si tienen ganas, también pueden
quedarse allí.
O bien sentirse seguras en el interior de una institución,
pero después de haber acordado qué es para ellas lo más importante.
El parto
es una instancia verdaderamente milagrosa. Del cuerpo de una mujer va a emerger
otro ser humano, pequeñito y funcionando con autonomía. Que requiere un montón
de cuidados, pero cuidados amorosos: piel materna, brazos cálidos (la mejor
temperatura de una cuna térmica es la misma de la madre, pero carece del afecto,
del latido, los ruidos y el olor de la mamá).
Este bebé que necesita en
principio no tomar frío y poder respirar, se va a tomar su tiempo para encarar
la vida. Démoselo. No cortar el cordón de inmediato le permite oxigenarse
mientras él tose, estornuda y despide las secreciones que tiene en sus vías
respiratorias.
Las "maniobras de extracción" en un parto normal debieran ser
sólo tolerar la espera de que la naturaleza haga su trabajo.
Participar de
un nacimiento no intervenido, no perturbado, es una experiencia única.
Mamás
no preocupadas si "hacen bien" algo, sino entregadas a este proceso fantástico.
Con dolor, sí. Pero disfrutando totalmente de este protagonismo absolutamente
femenino.
Suelo decirles a las embarazadas que participan en mis grupos que
están atravesando una experiencia irrepetible en la cual ellas son las
estrellas. Que cada una lo va a hacer de acuerdo a su historia y sus
posibilidades.
Y de verdad lo hacen. Hay quienes se expresan con risa o con
llanto. Quienes caminan o se quedan quietas. Hay tantos caminos...!
Esa es
la propuesta, a través del trabajo previo con el cuerpo, descubrirlos y
utilizarlos.
No hay un solo tipo de parto. No es necesario que todas las
parturientas sean tratadas como enfermas. Cada una es el centro de esta
situación. Los que estamos alrededor, profesionales de la obstetricia, debemos
tener un solo objetivo: acompañarlas y cuidarlas y fundamentalmente, respetarlas
en sus deseos y decisiones, siempre que éstos no la dañen.
A animarse, pues,
a recobrar este espacio propio, tal vez el más importante y trascendente de la
vida, eligiendo con libertad.
BIBLIOGRAFIA.
Nacimiento Renacido -
Michel Odent
Por un nacimiento sin violencia - Frederick Leboyer
Brujas,
comadronas y enfermeras - B. Ehrenreich - D. English
Embarazo y nacimiento
gozosos -Integral - monográfico nro. 4
Raquel Schallman
Obstétrica -
Corporalista